miércoles, 4 de abril de 2007

Claudia Aldana y su "gemela esquizofrénica"

Es deslenguada, soñadora, directa y divertida. A ratos pareciera que estás hablando con tu mejor amiga. Lo dice todo con su particular mirada de solterona frustrada, pero asumida. Sin embargo, mantiene la esperanza de encontrar a su príncipe azul. Ése que, algún día, borre todas sus inseguridades y la haga sentirse la mujer más linda y feliz del mundo.

“Quiero apostar: poner todas las fichas en el mismo número. No importa que me arriesgue a perderlo todo. Prefiero jugar así, al límite, porque cabe la posibilidad de que algo gane. Aunque sea sólo una quebradura más de corazón”. Así se expresa. A veces muy decidida y sin miedo a decir lo que siente, pero casi siempre con el temor de salir herida.

Ella es Consuelo Aldunate. Y, aunque sólo es un personaje creado a imagen y semejanza de las mujeres de tres décadas y más, es el reflejo de lo que, muchas veces, pensamos y sentimos. Es la única que se atreve a contar aquellos desaciertos y vergüenzas más profundas que la mayoría de nosotras guarda en un cofre escondido; esos temores y fantasías que jamás revelaríamos.

Claudia Aldana es la cabeza pensante que se esconde bajo el pseudónimo de Consuelo Aldunate. En junio de 2002, esta periodista y cientista política comenzó a escribir su columna llamada Treinta y uno que, semanalmente, aparece en la revista Ya de El Mercurio. Tras darse cuenta de que sus escritos tuvieron la acogida que jamás pensó, seleccionó los mejores textos, en sus versiones originales, y los grabó en un libro con el mismo nombre.

Aldana relata, a través de su protagonista, las experiencias propias y ajenas que ha recopilado a lo largo de su vida. Con un lenguaje simple y cercano, cada martes nos cuenta anécdotas de una mujer independiente, moderna y con su vida laboral resuelta. Pero a pesar de lo perfecta que pareciera su vida, tiene la gran frustración de no tener una pareja estable que la haga creer en los hombres. “Entendí que estoy jugando sola. Pololeando sola. Coqueteando sola”. Estas son las palabras con las que se refiere a sus relaciones amorosas.

Las historias de Aldana no sólo causan risa y entretienen. Van más allá. Hay algo valioso y rescatable en sus palabras que hace que las mujeres, y no sólo las de treinta, se sientan identificadas y comprendidas. Existe un código común que sólo ellas, y me incluyo, comparten, ya que es un retrato de la mujer actual que, aunque a veces exagerado, plasma las “enrolladas” mentes de las féminas.

Qué mejor ejemplo que la siguiente frase para dar cuenta de lo dicho en el párrafo anterior: “¿Y si me dejan los dos? ¿Qué hago? ¿Será sabio hacer que mis amigos voten, cual realitty, el que debe seguir en mi vida? Así tendría quién culpar en caso que las relaciones no resulten… capenanenú, ene tene tú…”. Esto refleja sólo una de las tantas inseguridades de Cosuelo Aldunate y de sus seguidoras, al enfrentarse con el sexo opuesto.

Siempre con un tono humorístico y a ratos irónico, se burla de sí misma y del género femenino en su totalidad. Al mismo tiempo, intenta animarlas y hace flamear una bandera de lucha desde el campo de batalla, para que sus soldados sigan en la búsqueda de una victoria… pero siempre dignas.

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