miércoles, 25 de abril de 2007

Tema: grupos musicales.

Punto de vista: La calidad de Soda Stereo.

Hipótesis: La “sodamanía” permanece viva.





Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti conformaron en 1982 la banda de rock más influyente de toda Latinoamérica. Durante sus 15 años de trayectoria musical, este grupo argentino acogió el reconocimiento tanto de sus pares como de la crítica especializada, de quines recibió múltiples galardones y premios. Pero sin duda, el aplauso más significativo otorgado al trío y que aún no se deja de escuchar, es el de sus millones de fans porque la “sodamanía” permanece viva.

miércoles, 18 de abril de 2007

Luisa Lein a la chilena

Luisa Lein se convirtió en la periodista más célebre de la industria cinematográfica mundial, no precisamente por su talento al escribir, sino gracias a su romance con Súper Man. Ese chico que, con su capa, botas y calzoncillos rojos, hace suspirar a todas las románticas porque las lleva, literalmente, a las nubes.
La comunicadora chilena, Andrea Elliot, pasó a ocupar su trono en el medio criollo, luego de que el lunes 16 de abril asomara su nombre en la lista de ganadores de los Premios Pulitzer. Distinguida por un reportaje en el que describe la vida de la comunidad musulmana en Nueva York, publicado en The New York Times, las fotografías, el currículum y las anécdotas pasadas de nuestra Luisa Lein emprendieron vuelo a través de los medios de comunicación nacional.
Creo que es particularmente destacable, sobretodo en estos tiempos, el hecho de que la profesional haya trabajado en su carrera para lograr este galardón. Quizás para muchos no representa más que un cheque de 10.000 dólares para el bolsillo, sin embargo, no se puede desconocer que, finalmente, es un reconocimiento a su labor.
Elliot se hizo popular por sí misma, y no trepando nubes de la mano de un súper héroe, como muchos “famosillos” de la farándula nacional. Espero que este sea el primer escalón de su larga y exitosa carrera como periodista y que sirva de ejemplo para las generaciones venideras.

miércoles, 11 de abril de 2007

La niña del Árbol

Recuerdo haberme sentado bajo este árbol al menos un millón de veces. Invierno, verano, primavera y otoño. No importaba si hacía frío o calor. De hecho, si estaba lloviendo más me gustaba.
Todas las tardes, cuando volvía del colegio a casa, entraba corriendo para que mi madre no me alcanzara a ver. Pero ella lo sabía; sin embargo, se involucraba en mi juego y me hacía creer que, una vez más, yo había ganado y nadie había visto que tiraba el bolso y salía corriendo al parque que estaba al frente.
Eran las cinco de la tarde y estaba lleno de gente. Niños jugando, vendedores de algodón, perros corriendo y ladrando. Siempre era igual, y eso era una de las cosas que más me gustaba. Era mí lugar, mí rincón… mi refugio. Jamás se me ocurrió pensar que alguna tarde de mi vida, alguien o algo me privaría de aquello que era tan mío.
Siempre fui feliz. Mi papá se llamaba Federico y trabajaba en un banco. Alicia, mi mamá, se quedaba en casa y todos los días nos sorprendía con una nueva receta. Agustín y Fernanda eran mis hermanos. Él era el menor y ella la mayor. Yo era la del medio, pero nunca tuve el “síndrome del niño de al medio”. Siempre me sentí tan querida e importante como ellos.

Casi todas las niñas tienen un diario de vida en donde escriben todo lo que les pasa. Yo no. Yo tenía un árbol que sabía todo de mí. Sus raíces eran mis miedos, su tronco eran mis acciones y sus hojas, mis sueños. Una tarde le conté que mis ganas de tener un conejito gris de orejas caídas se había hecho realidad. En ese mismo momento, una hoja se cayó y bajó suavemente hasta llegar a mi mano. Sentí que el árbol me respondía y estaba feliz de que mi sueño se había realizado, y por eso me regalaba una de sus más lindas hojas.
De repente escuché la voz de mamá llamándome: “Amanda, ven a casa a tomar té y comer galletitas”. Yo tomé la hoja con cuidado y me fui. Al llegar, la envolví en un papel y la guarde.
Hoy la tengo a mí lado como uno de los recuerdos más preciados de mi vida. Creo que me queda poco tiempo, pero no tengo miedo, porque he sido la mujer más feliz del mundo; por lo menos así me siento. Estoy acá, donde siempre. Bajo el árbol que me vio crecer y hacer realidad todos mis anhelos. Él me dio todo lo que necesitaba en esa etapa tan mágica como es la niñez y, hoy, quiero que él guarde mi tesoro, porque más que mío, es nuestro.

miércoles, 4 de abril de 2007

Claudia Aldana y su "gemela esquizofrénica"

Es deslenguada, soñadora, directa y divertida. A ratos pareciera que estás hablando con tu mejor amiga. Lo dice todo con su particular mirada de solterona frustrada, pero asumida. Sin embargo, mantiene la esperanza de encontrar a su príncipe azul. Ése que, algún día, borre todas sus inseguridades y la haga sentirse la mujer más linda y feliz del mundo.

“Quiero apostar: poner todas las fichas en el mismo número. No importa que me arriesgue a perderlo todo. Prefiero jugar así, al límite, porque cabe la posibilidad de que algo gane. Aunque sea sólo una quebradura más de corazón”. Así se expresa. A veces muy decidida y sin miedo a decir lo que siente, pero casi siempre con el temor de salir herida.

Ella es Consuelo Aldunate. Y, aunque sólo es un personaje creado a imagen y semejanza de las mujeres de tres décadas y más, es el reflejo de lo que, muchas veces, pensamos y sentimos. Es la única que se atreve a contar aquellos desaciertos y vergüenzas más profundas que la mayoría de nosotras guarda en un cofre escondido; esos temores y fantasías que jamás revelaríamos.

Claudia Aldana es la cabeza pensante que se esconde bajo el pseudónimo de Consuelo Aldunate. En junio de 2002, esta periodista y cientista política comenzó a escribir su columna llamada Treinta y uno que, semanalmente, aparece en la revista Ya de El Mercurio. Tras darse cuenta de que sus escritos tuvieron la acogida que jamás pensó, seleccionó los mejores textos, en sus versiones originales, y los grabó en un libro con el mismo nombre.

Aldana relata, a través de su protagonista, las experiencias propias y ajenas que ha recopilado a lo largo de su vida. Con un lenguaje simple y cercano, cada martes nos cuenta anécdotas de una mujer independiente, moderna y con su vida laboral resuelta. Pero a pesar de lo perfecta que pareciera su vida, tiene la gran frustración de no tener una pareja estable que la haga creer en los hombres. “Entendí que estoy jugando sola. Pololeando sola. Coqueteando sola”. Estas son las palabras con las que se refiere a sus relaciones amorosas.

Las historias de Aldana no sólo causan risa y entretienen. Van más allá. Hay algo valioso y rescatable en sus palabras que hace que las mujeres, y no sólo las de treinta, se sientan identificadas y comprendidas. Existe un código común que sólo ellas, y me incluyo, comparten, ya que es un retrato de la mujer actual que, aunque a veces exagerado, plasma las “enrolladas” mentes de las féminas.

Qué mejor ejemplo que la siguiente frase para dar cuenta de lo dicho en el párrafo anterior: “¿Y si me dejan los dos? ¿Qué hago? ¿Será sabio hacer que mis amigos voten, cual realitty, el que debe seguir en mi vida? Así tendría quién culpar en caso que las relaciones no resulten… capenanenú, ene tene tú…”. Esto refleja sólo una de las tantas inseguridades de Cosuelo Aldunate y de sus seguidoras, al enfrentarse con el sexo opuesto.

Siempre con un tono humorístico y a ratos irónico, se burla de sí misma y del género femenino en su totalidad. Al mismo tiempo, intenta animarlas y hace flamear una bandera de lucha desde el campo de batalla, para que sus soldados sigan en la búsqueda de una victoria… pero siempre dignas.