Es hora de ajustar los últimos detalles para el estreno del año. La escenografía, de la calidad que se merece un acontecimiento como este, ya está montada. El vestuario de la Señora Corales, aunque poco atractivo, está listo para posar junto al auditorio que participará de tan magno evento.
Tras bambalinas todo se vive de manera más intensa y ajetreada. Los anfitriones se visten de etiqueta y regalan su mejor sonrisa para hacer creer que todo está bajo control. No importa si algún actor se enfermó a última hora o si inventó un malestar por pánico escénico. Hay que hacer pensar que todo marcha sobre ruedas.
Se extiende la alfombra roja y los invitados comienzan a ingresar. Uno que otro desaliñado y mal vestido que no llama particularmente la atención. Se ve venir un macabeo por ahí con su señora del brazo, comandando cada uno de sus movimientos. Pero, ¿quién es él? Hagamos un alto y rebobinemos la cinta. El scanner arroja que su sangre es azul. ¿Será que tenemos el honor y privilegio de recibir entre tanto plebeyo a un miembro de la realeza? Sí, es Juan Carlos de España. Adelante Don Rey, ¡pase a ver el circo!
Las luces se encendieron y empezó el show. Cada uno viene con su monólogo bien aprendido. El tema: la integridad de todos los pueblos y la asistencia recíproca. Palabras lindas, llenas de adornos y frases cliché al estilo Village. Puro bla – bla para retener el foco de la cámara y ver quién logra acaparar mayor atención. Pero tranquilo Don Rey, ya vendrá su turno.
Ojalá tenga más suerte de la que ha tenido en el último tiempo en sus tierras, en donde parece que no están muy felices con su reinado y, en vez de apoyarlo, queman imágenes de reyes en su nombre. Pero, ¿qué culpa tiene el rey León, el rey Arturo, Pelé o Elvis Presley? Espere un poco más Don Rey, ¿qué número le tocó?
Lo más probable es que haya uno que otro encontrón durante el estreno de esta obra, pero la Señora Corales estará ahí, siempre preparada para mediar y aquietar las aguas, pues, nos guste o no, es la anfitriona del show. Obviamente, algunos aprovecharán la oportunidad para sacar los trapitos al sol y así ocultar los problemas internos. Pero claro, un evento de esta categoría no sería nada sin el clímax y el dramatismo que nos entregan los conflictos en los que todos quieren ser protagonistas.
Pero Usted aguarde Don Rey, no se apure, que su estrellato está por comenzar.
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